Camino derecha, casi con forma cuadrada. La contractura que se la aloja en mi cuello genera presión, tanta que a veces creo que mi cabeza está separada del resto de mi cuerpo.
La veo al final del pasillo y tiemblo, mis hombros se encojen pero no tengo frio, es otra cosa.
Me habla y yo desvarío, no se ni lo que digo, pero no digo lo que siento y los sentimientos se acumulan en mi garganta.
Cada palabra que dice me genera más tensión.
Termina la conversación y quiero gritar pero no lo hago, camino hacia el baño con cara de aliviada, entro y bajo la tapa del inodoro. Ahora solo me resta sentarme a llorar para apagar el dolor.
Los gritos contenidos en mi garganta se alivian y cesan conforme pasan los minutos.
Me levanto y me miro en el espejo, tengo el maquillaje corrido.
Busco en la cartera y no encuentro mi porta cosméticos, me pongo a llorar de nuevo, estoy histérica. Solo quiero que todo acabe. Que se detenga el dolor. Que ella vuelva conmigo..

