Elle no tenía nada en particular en cuanto a rasgos, era una bonita morocha de ojos marrones. El flequillo recto se le mecía hacia los lados mientras hablaba, gestualizaba mucho con las manos. No dejaba de sonreír en ningún momento. Pero de todo eso, lo que más me llamaba la atención era su envolvente personalidad que no dejó que me alejara ni un momento esa noche de abril.