Y me adapté a sus pasos, caminé más lento. Cambié el trote por una armoniosa caminata y me di cuenta de que no estaba ayudándole. Solo estaba alimentando su ego.
Estaba demostrándome demasiado débil y dejando que me venciera sin haber intentado correr.
"Nada ha cambiado" me expresó pero no lo entendí hasta que tendido en el piso vi correr mi sangre y aventurandome al por venir me levanté, me deshice de las cadenas y corrí.
Corrí hasta donde el sol alumbraba y donde ya no podía ver su cara.
¿Qué fue de él?, me preguntarán y solo responderé que no pudo progresar, que se aferró tanto al pasado que sus pies pesaban al caminar, que se sentía cómodo a ese ritmo aunque deseaba ir a mi par y que no pudo desprenderse de las malditas cadenas que le rasgaban la piel.


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