Se fue al parque que siempre visitaban juntas y recordando los besos que se daban detrás de los árboles, se sentó en un banco a observar el lugar. Se sentía como siempre, pero había algo faltante, Laura.
Miró todos los indigentes pasar y soñó con cambiarles el lugar. Con tener como máxima preocupación lo que comería hoy y no la muerte de su amada.
Pero estando en ese sueño irreal se dio cuenta de que la muerte era inherente en todos los casos. Teniendo o no mayores preocupaciones, ella estaría allí, junto a los vagos, bebiendo mucho, fumando y llorándola de nuevo.
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