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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Demasiado tarde...


Se fue de la ciudad por miedo al compromiso, pánico a sus sentimientos y terror a ser lastimado.
Volvió un año después con el suficiente coraje para aceptar su destino y desposar a la mujer que había amado toda su vida pero cuando llegó ya era muy tarde. Ella estaba casada con un apuesto hombre, a quien había conocido en aquel café que John se negaba a visitar.
El viento sopló muy fuerte y con los ojos llenos de lágrimas John se fue al viejo café donde había arruinado todo. Tomó un cortado, aunque parecía no poder tragarlo, y se dirigió a una plaza donde entre palomas y bancos vacíos se durmio, recostado en un árbol, abrazando la carta de amor eterno de aquella rubia que no lo había esperado.
Y así como el cobarde que había sido se lamentó haber tenido que tomarse tanto tiempo para decidir.
El tiempo le había jugado una mala pasada y ahora la abrumadora tristeza lo debilitaba, dejando a aquel miserable hombre dormido para siempre.

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